PERSONA, DERECHO, IDENTIDAD

Autores

  • JUAN ARTURO MORENO CABRERA UCM

Palavras-chave:

Persona, Derecho, Identidad, Justicia

Resumo

El concepto de “persona” πρόσωπον [prósôpon], proviene del teatro griego; el prósopon era un personaje, una máscara. Llegado el medievo, la persona trasciende al personaje; es el filósofo Boecio (siglo V), el primero que personifica a Dios, uno y trino, en las tres personas del Verbo (Logos). Desde entonces, la teología cristiana concibe al ser humano como imagen de Dios, dotado de razón (nous) y existencia consciente. La más alta y noble dignidad del lenguaje –persona-- confiere a la criatura humana su intimidad con lo Alto. El “derecho” es probablemente la fuerza pacificadora más potente que existe, creada por una urbe tan concentrada en sí misma que por ella misma generó un nuevo mundo. Roma sembró de reglas, potestades, máximas y oradores, la razón y el sentido de una civilización perdurable. Si el derecho no hubiera degenerado en entropía reguladora, hoy seguiríamos hablando de las Instituciones de Gayo y del derecho de contratos, como una relación física con un mundo real, conectado a la vida humana, a nuestra escala, en relación mobiliaria e inmobiliaria con la familia, la república y el campo. En aquel tiempo, la autoridad no había capturado la vida como la captura hoy. La palabra “normativa”, obra del poder público, ha ido secando la fuente de la que mana el derecho, su justicia, cuya creación es básicamente judicial, laboriosa y paciente, obra de jurisperitos. La identidad es un concepto mucho más moderno. El concepto de “identidad” germina primero en la filosofía. La identidad era un tipo de relación asociada a la igualdad, en la que ambos términos resultaban equiparables en todos sus atributos: A es igual a B, por tanto, A y B son idénticos. Desde esta premisa, la identidad fue una herramienta conceptual imprescindible en la lógica, la ontología o la teología. El filósofo español Gustavo Bueno (1924-2016)1 hace un repaso exhaustivo de la idea de “identidad”, tal como aparece en el mundo académico, desde la tradición escolástica, hasta muchos filósofos posteriores, desde Leibniz hasta Schelling, pasando por Kant o Hegel, que la emplean en sus escritos. Cuando entra en contacto con la política, sin embargo, el sentido de la identidad se vuelve reivindicativo, orientado a la transformación social y la toma del poder. Así, la “identidad” política toma el relevo de la igualdad revolucionaria (la égalité de la Revolución Francesa, proclamada en la Comuna de París), y sirve de marco a las “señas de identidad”, enarboladas como bandera colectiva por los movimientos culturales y nacionalistas. En los últimos tiempos, la fascinación ontológica del ser –el ser alguien especial, único--, ha venido a popularizar entre los jóvenes la “identidad de género”. La llamada identidad “sentida” es la pieza que le faltaba al puzle del individualismo y la subjetividad desaforada. La identidad nos aleja de la realidad como tal, ese don precioso. El prósôpon ha vuelto. Internet nos devuelve su fantasma, su máscara virtual. El querer es lo real, decía Hegel.

Publicado

03.10.2025

Edição

Seção

Simpósio P02 - DIREITOS HUMANOS, PESSOA E IDENTIDADE: UM DEBATE CONTEMPORÂNEO