AVANCE DIGITAL Y RETROCESO EN DERECHOS
Abstract
La irrupción de las nuevas tecnologías en nuestras vidas ha supuesto un avance con amplia repercusión en todos los ámbitos en los que se desarrolla el ser humano (laboral, familiar, educativo… etc). Lo que no nos podíamos imaginar es que a medida que las sociedades democráticas avanzan, gracias en parte al desarrollo tecnológico, las libertades de las que hemos venido disfrutando durante décadas, actualmente empiezan a estar amenazadas e incluso restringidas.
A pasos agigantados vemos como en muchos Estados democráticos la libertad de prensa se ve cercenada debido a la influencia que los Gobiernos, a través de la financiación de la publicidad institucional, ejercen sobre los medios de comunicación, en detrimento del derecho del ciudadano a ser informado con objetividad e independencia.
En los regímenes totalitarios dónde se impone la opinión y el pensamiento único no existe libertad de prensa, y aquellos medios de comunicación que intentan levantar la voz, son aniquilados, viéndose obligados a informar desde otros países en los que su seguridad no se ve amenazada. En los estados democráticos saltan las alarmas cuando los Gobiernos anuncian regulaciones que afectan a los medios de comunicación, amenazando con sanciones económicas cuando la información es crítica con el poder. Cualesquiera injerencias sobre la libertad de comunicar y el derecho a recibir libremente información objetiva y veraz, cercenan el derecho a la información, el derecho a la libertad de expresión, de pensamiento y de opinión.
En Europa, la libertad de expresión era algo que dábamos por hecho. Sin embargo, mientras algunos Estados siguen siendo bastiones de la libertad de expresión, otros han implementado restricciones, cuando el discurso ofende a ciertos grupos o son considerados desinformación por los Gobiernos.
Las leyes contra los discursos del odio tratan de promover la armonía social, pero en la práctica resulta que alimentan el resentimiento y el auge de los populismos. Actualmente, 40% de los británicos y alemanes consideran que no se pueden expresar y opinar libremente en la red.